La participación de Cuyo en la formación del Ejército de los Andes
hasta el momento del Cruce (enero 1817).
hasta el momento del Cruce (enero 1817).
San Martín había pedido la gobernación de
Cuyo para organizar un pequeño ejército bien disciplinado, para pasar a Chile
y, después de libertarlo, continuar al Perú, centro nutricio de la resistencia
española.
Mientras actúa en el fuero civil, trabaja
en la organización del ejército. Se levanta a las 4 de la mañana y desde las 5
está en la faena. "Trabajo como un macho", le escribe a Guido, pero
no recibe franco apoyo de Buenos Aires. El mismo cree que "San Martín será
siempre sospechoso." Le llegan anónimos y pasquines con calumnias,
insultos y amenazas.
Le dicen que es ambicioso, cruel, ladrón y
poco seguro a la causa, porque habría sido enviado por los españoles.
"Usted dirá -le escribe Guido - que me he incomodado. Sí, mi amigo, un
poco. Pero después llamé a la reflexión en mi ayuda, hice lo que Diógenes,
zambullirme en una tinaja de filosofía y decir: todo es necesario que sufra el
hombre público para que esta nave llegue a puerto..."
Sin duda, Buenos Aires ayudó mucho, pero
más ayudó Cuyo. La mayor parte del ejército, hombres, armas, caballería, vituallas,
ropas y diversos pertrechos fue de origen cuyano. Todo Cuyo estuvo al servicio
del ejército, incluso indios pehuenches y negros esclavos. Más de 700 operarios
trabajaron día y noche en la maestranza que dirigía Fray Luis Beltrán, en el
molino de Tejeda, en la fábrica de pólvora de Alvarez Condarco y cientos de
mujeres y muchas monjas de Mendoza, San Juan y San Luis tejían ponchos, matras,
picotes y cosían ropas para los 7000 hombres que llegó a tener el ejército,
incluso los milicianos, boyeros, herradores, barreteros y baqueanos. En
septiembre se concentró el ejército en el campamento del Plumerillo, ya que
hasta entonces estaba alojado en cuarteles, conventos y casas de familia de la
ciudad.
Todos los cuyanos respondieron al reclamo
de San Martín, incluyendo algunos niños. Todos dieron algo, unos dinero, otros
acémilas, caldos y las más diversas cosas. Impresiona la lista de donaciones de
mujeres sanjuaninas y puntanas. Ya en vísperas de la partida, del paso de la
cordillera, que era lo único que le hacía perder el sueño a San Martín, le
escribió a Godoy Cruz que le faltaba tiempo, dinero, salud, "pero estamos
en la inmortal provincia de Cuyo y todo se hace. No hay voces ni palabras para
expresar lo que son estos habitantes."
Dos meses después, desde la cuesta de
Chacabuco, el 12 de febrero de 1817, el general San Martín "al apearse de
su caballo -dice Mitre- cubierto aún con el polvo del combate, su primer
pensamiento fue por los pueblos cuyanos que le habían proporcionado los medios
de realizar su empresa y escribió a los Cabildos de Mendoza, San Juan y San
Luis: "gloríese el admirable Cuyo de ver conseguido el objeto de sus
sacrificios. Todo Chile es nuestro."
Sabemos que, para partir hacia la campaña libertadora, San Martín necesitaba una insignia que los identificara de sus enemigos. Es por eso que manda a confeccionar la Bandera del Ejército de los Andes. Poco es lo que conocemos de su historia y sobretodo, su valor histórico y patrimonial; y mucho es lo que tiene que ver con nuestro terruño cuyano. En Mendoza tenemos la dicha de contar con un espacio físico que alberga dicha bandera, llamado "Memorial de la Bandera del ejército de los Andes". Compartamos este video:
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